CORREGIR DESPUÉS DE LEER

Los avances en el campo de la biología molecular han permitido el desarrollo de técnicas para el análisis del ADN, tales como la reacción en cadena de la polimerasa o la secuenciación del ADN. Gracias a estas nuevas técnicas, desarrolladas a finales del siglo pasado, se ha podido leer por completo el genoma humano, lo que ha supuesto un cambio en la investigación biomédica.
Tradicionalmente, se utilizaba una estrategia de “arriba abajo”, en la que, desde un diagnóstico realizado a partir de los síntomas, se trazaba el camino hasta los órganos y tejidos afectados y finalmente se podía descubrir qué gen era el que estaba alterado.
Con la lectura del genoma, ya no se parte del diagnóstico a partir de los síntomas, sino del material genético obtenido de células del paciente, y se trata de buscar una anomalía genética para después poder relacionarla con las manifestaciones patológicas externas de la enfermedad.

En sus inicios, la secuenciación se realizaba a mano, pero, con las mejoras introducidas en esta técnica, se ha conseguido la automatización e informatización del proceso, realizado en los secuenciadores, los cuales utilizan colorantes fluorescentes y escáneres láser para secuenciar miles de pares de bases en unas pocas horas.
Los avances en las técnicas de secuenciación son muy rápidos y se puede hablar ya de una tecnología de secuenciación de tercera generación como, por ejemplo, la secuenciación por nanoporos, en la que se hace pasar una cadena simple de ADN por un nanoporo de membrana. Al pasar, altera la corriente eléctrica de la membrana de forma diferente según el nucleótido que esté atravesando el nanoporo. Estas técnicas de tercera generación son mucho más rápidas y menos costosas que el método de secuenciación desarrollado por Sanger en la década de los 70.

Tal y como se dice en este capítulo, a pesar de estas nuevas técnicas, no se ha llegado al punto donde “leer genomas y hallar erratas sea algo cotidiano, rápido e infalible”, es por ello por lo que se emplea una mezcla de técnicas más cercanas al “arriba” o al “abajo”.

Además, hay regiones del genoma cuya función no se conoce muy bien o que codifican proteínas todavía desconocidas, lo que haría muy difícil analizar el efecto de una alteración del genoma a este nivel.
Asignar una función a estas regiones del genoma fue el objetivo del proyecto ENCODE, finalizado en 2012, gracias al cual se sabe que el 80% del genoma tiene una función, es decir, tiene una actividad bioquímica específica.

De poco sirve conocer la función de todo el genoma si no se conoce la disposición de las marcas epigenéticas que van a regular la expresión génica. Es por ello que en los últimos años se han desarrollado técnicas para detectar y describir modificaciones epigenéticas por todo el genoma, como la secuenciación del ADN con bisulfito de sodio, que permite localizar las metilaciones de citosina (5-metilcitosina) en el ADN. Lo más importante de estas modificaciones es que responden a estímulos externos, lo que convierte a la epigenética en una “herramienta clave para distinguir el grado en el que el ambiente modula los genes”.
Como consecuencia, el conocimiento de la capa epigenética puede aportar información clave en la comprensión de diversas patologías y podría desarrollar nuevos tratamientos que permitan “corregir después de leer”.


Bibliografía de la entrada:
[1] Pierce, Benjamin A. Genética: Un Enfoque Conceptual. 5th ed. Editorial Médica Panamericana, 2016. Web.
[2] Romá Mateo, Carlos. La Epigenética / Carlos Romá Mateo. Madrid: Los Libros De La Cataráta, 2016. Print. ¿Qué Sabemos De? 75.

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